La bella Yirath, capital del reino. Una ciudad junto a una inmensa presa. Un alto muro blanco, al sol de la mañana, refulgiendo lleno de intrincadas escaleras y terrazas desde las cuales observar la ciudad y sus calles. Y presidiendo todo, el castillo del rey, sobre la presa y pareciendo que emerge de las aguas al otro lado del muro. Una impresionante visión. Y allí llegamos con Zin totalmente desanimado y deseando encontrar un lugar lejos de miradas ajenas para poder reconstruir la pierna de nuestro guerrero.
Tras establecernos en una posada nos dividimos para hacer nuestras tareas: tanto Aeon como Tarek debían ir a la biblioteca de una colega de Tarek a buscar en libros arcanos los hechizos capaces de recomponer la pierna de Zin, y Doc salía a buscar más cacharros con los que decorar su nuevo estudio que aún teníamos que buscar.
Yo me quedé acompañando al frustrado Zin, que no sabía nada de lo ocurrido, bastante culpable me sentía yo sin decírselo. Conseguí moverlo de la habitación y llevarle a pasear y tomar una cerveza; casualidad el tabernero era de Nockets y nos invitó, además de quedarnos allí hasta el anochecer y regresar a la posada borrachos como cubas. Yo no me acuerdo de nada, pero a mí Aeon me contó que debimos dormir juntos. No quiero volver a beber cerveza... ¿o sí?
A la mañana siguiente Tarek y Aeon habían encontrado la solución, estaba todo casi a punto. Así que buscamos un lugar apartado, en los suburbios de la ciudad, y allí tras la "operación" Doc instalaría su estudio. Era ideal una pequeña vivienda, donde pudimos llevar a cabo la tarea, y Zin recuperó su pierna. Por esto tuvimos que cambiar de alojamiento ya que no podía mostrar su pierna nueva donde ya le habían visto cojo.
Y así planeamos nuestra siguiente aventura. No podía quedar así la cosa. Algo olía a podrido en Abel, e íbamos a erradicarlo...
9ª anotación en el diario de viaje de Moru.
7 de mayo de 2006
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