Tras haber perdido la oportunidad de trabajar cazando los goblins y sin haber localizado al hijo de la anciana amable, perdimos también la esperanza de encontrar dinero para comer. Se hacía acuciante la necesidad cuando apareció un mercader que llevaba dos enormes carros con barriles. Le preguntamos si necesitaba guardaespaldas y nos comentó que podría interesarle que le ayudáramos a llevar los carros hasta Arcángel.
Buena oportunidad: ganaríamos una moneda de oro cada uno de nosotros, y además estaríamos en la gran ciudad para buscar otro trabajo. Se presentaban unos días interesantes... de no ser porque Aeon se empezó a plantear qué habría dentro de los barriles.
Durante la noche se acercó a un barril e intentó abrirlo, con tan mala suerte que se rompió y no se podía volver a cerrar, y como ya habíamos supuesto tanto Zin como yo, ¡¡¡NO HABÍA NADA!!! Pero tenía que hacerlo o no se quedaba tranquilo.
Como pudo, lo reparó. Pero a la siguiente noche oímos pasar a alguien, y aunque no robó nada, el eje de uno de los carros estaba quebrado, y para reparar eso había que hacerlo de forma no convencional, cosa que podía llamar la atención. Tal como arregló el barril y casi sin que se diera cuenta el patrón, Aeon arregló el eje.
El patrón sospechaba que lo habíamos hecho con magia, pero no podía demostrarlo y a pesar de su enfado, seguimos nuestro camino. Al llegar a las puertas de Arcángel nos dio nuestras monedas de oro y nos dejó en la ciudad, en la que nos hospedamos a la espera de los nuevos acontecimientos.
Diario de viaje de Moru (6ª anotación)
No hay comentarios:
Publicar un comentario