3 de mayo de 2006

5 ¡GOBLINS!

Al volver al pueblo a buscar a la anciana, nos enteramos que una banda de goblins de las montañas cercanas había atacado el pueblo y habían arrasado varias casas tras saquearlas. Por desgracia, una de ellas fue la de la anciana.

Estábamos muy afectados, además ni siquiera habíamos podido comunicarle lo que probablemente ocurría, que su hijo había muerto. Por lo menos es lo que yo creo. Sólo quedaban escombros de lo que había sido la casa, con lo qeu nos decidimos a buscar a los goblins... o más concretamente, a buscar trabajo como cazadores de goblins.

Aquella mañana nos dirigimos al ayuntamiento donde el alcalde acedió a recibirnos, y tras hablar con él, decidió pagarnos tras entregar las cabezas de los goblins que habían atacado al pueblo: teníamos que encontrarlos en las montañas, que es donde se les perdía la pista, con lo que pedimos un adelanto para raciones de viaje (al final nos las dio él mísmo, para no adelantarnos pasta, claro) y fuimos en su busca.

Tras una larga caminata llegamos a la ladera de la montaña, y alli no había ninguna cueva, sólo una piedra plana que no podíamos mover ni con todas nuestras fuerzas, es decir, con la fuerza de Zin... ^^U, de modo que Aeon intentó averiguar si la piedra tenía algún tipo de hechizo, que así era. De otro modo ¿quién narices mueve una piedra así cada vez que quiera entrar y salir de su casa?

Mientras divagábamos acerca de la apertura de la "puerta", apareció una misteriosa mujer armada con dos katanas, y que llevaba un escudo con una corona y una cruz. Yo no sabía lo que eso significaba hasta que Zin nos lo dijo: era Tol Rauko, algo así como la Inquisición. De todas formas, la mujer preguntaba mucho acerca de qué nos había traído hasta allí y si sabíamos como encontrar a los goblins... demasiado inquisitiva.

La dejamos por imposible y cuando se alejó, nos dispusimos a seguir la misión, pero con cautela. Andaría cerca seguro.

Por fín conseguimos abrir la puerta de piedra y daba a un pasillo oscuro. Encendimos una antorcha que teníamos y nos encaminamos pasillo adelante hasta una sala enorme abovedada que estaba en total oscuridad. La luz de la antorcha nos nos permitía ver qué había más allá de nuestras narices, pero podíamos oir las vocecillas de los goblins cuchicheando. Tampoco habíamos podido averiguar qué había más allá del fondo de la sala.

De repente, nos atacaron. Al fin y al cabo, éramos cuatro humanos con una sola antorcha, y no podía alumbrarnos a todos. Aprovechando la oscuridad comenzaron a apalearnos, parecían ser muchos, o esa impresión me dio. Yo daba golpes a diestro y siniestro, pero no había manera de herirlo, y tampoco podía defenderme puesto que no lo veía. Al final, nos dimos cuenta que era uno, y ¡qué vergüenza! en clara superioridad numérica y el goblin ése atacándonos impunemente, sin sufrir heridas...

Pero Zin le dio, consiguió acabar con él y cortarle la cabeza como prueba de que lo habíamos eliminado, para que el alcalde nos pagara. Estábamos cansados y hambrientos, y aun había más puertas al fondo de la sala: en la primera había dos pares de ojos que relucían en la oscuridad, (que al final resultaron ser dos cerdos de los cuales uno lo sacrificamos para comer) y en la otra puerta había... bueno, mierda. Sí, mierda de goblin, que nosotros pisamos y repisamos, con lo que ahora también necesitabamos un baño porque apestábamos.

Decidimos acostarnos a dormir e ir al dia siguiente al pueblo. Montamos guardia porque no nos fiábamos de la mujer de las katanas, que se había apostado cerca de la cueva.

Durante la noche, Zin, que hacía la guardia en ese momento, se quedó dormido, y Aeon se despertó sintiendo que le hurgaban en los bolsillos. Con un sobresalto, yo también desperté y nos dimos cuenta de que la mujer de las katanas nos había robado. A Zin todo, incluídas las armas y su equipo, y a Aeon no había conseguido robarle nada gracias a que se despertó. A mí me había dejado para el final con lo que estaba todo intacto en mi mochila.

Maldiciendo y perjurando ya que además se había llevado la carne del cerdo que habiamos matado, el emblema de la escuela y la cabeza de goblin (con lo que no podríamos cobrar la recompensa) nos encaminamos de vuelta al pueblo.

Para colmo, durante el camino, el ataque de un oso dejo a Zin sin su mochila y un par de pertenencias que le habían quedado. Definitivamente, estábamos tocados por la mala suerte. A ver que aventuras nos depara el mañana... de momento y por suerte, todos estamos bien. Encontraremos a esa mala perra del demonio y ajustaremos cuentas con ella.

Quinta anotación en el diario de viaje de Moru-chan.

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