Aún me pregunto como sobrevivimos. Todos estábamos bien aunque el barco volador acabó destrozado. Cuando fuimos a salir vimos que había una caída de al menos veinte metros. Conseguí saltar y caer correctamente gracias a mis conocimientos del ki. Tarek también aterrizó bien, y Aeon y Zin.
Nos dimos cuenta que estábamos en una especie de ciénaga, y así era. Había un pueblo muy pequeño de gente amable que nos recibieron de muy buena gana y nos hospedaron. Durante días estuvimos recuperándonos, sobre todo para que Tarek y Aeon recuperaran zeon. Aunque los demás estábamos también muy heridos.
Una vez estuvimos bien a salvo en la tranquilidad del pueblo, decidimos integrarnos entre los aldeanos y nos llegaron rumores acerca de que una especie de barco volante se había estrellado cerca de allí. Por supuesto nadie allí sabía de donde salimos nosotros, por miedo a que nuestros enemigos supieran que habíamos sobrevivido. Tras unos días, pudimos prepararnos para la reparación. Pero una mañana temprano, antes de partir...
Me desperté temprano, cuando aun había niebla por todas las calles del pueblo. sentí algo fuera, y abrí los postigos de la ventana de mi habitación. Tarek, con su habitual sueño profundo, seguís durmiendo al otro lado de la pared, Zin y Aeon hacían más de lo mismo. En la calle vi una figura, un hombre de cabellos rubios y de aspecto estrafalario me miró, me saludo cortésmente y desapareció.
Decidí seguirle, saltando por la ventana, la altura no era mucha. Al llegar a una calle que se bifurcaba en dos, vi una especie de masa humanoide de liquido negro, que me recordó a lo que vimos en el barco. Me di la vuelta para huir y vi que había más cortándome el paso por los dos lados de la calle. Cuando pensé que había caído en una trampa, él salió de la nada y me alzó en vuelo hasta dejarme en mi ventana, a salvo de las cosas esas.
Estaba en estado de shock, y cuando pude reaccionar les desperté a Zin y a Aeon. A Tarek tuvimos que hacer esfuerzos sobrehumanos para despertarle.
Les conté lo ocurrido y determinaron que por más que el chico me pareciera atractivo no podíamos fiarnos de él, ya que podía haber sido altruismo o simplemente hubiera podido crear los elementales de agua (que luego supimos que lo eran) para hacerse el salvador y ser en realidad el "hombre líquido" del barco, el que suponemos hizo el pentagrama.
Yo, a pesar de mi debilidad por el extraño, desde luego no era tonta y no me iba a dejar engañar por él. Y así abandonamos el pueblo bien provistos, y fuimos a la zona cero para explorar el barco volador.
Cuando llegamos allí encontramos a un hombre loco buscando chatarra para lo que él llamó "inventos". Le dejamos y buscamos un lugar por el que entrar, que resultó ser el mismo lugar por el que salimos la última vez. Trepamos por una cuerda y legamos al túnel, que tras varias semanas estaba en relativo buen estado y muy oscuro. Nos adelantamos hasta que unas luces en el fondo, que titilaban nos alertaron de la presencia de uno o varios seres, y seguramente no animalillos.
Así fue. No sólo trastornó a Aeon y a Zin, sino que para defenderme del ataque del grandullón tuve que zafarme en la salida, con lo que Zin cayó veinte metros, destrozándose una pierna. Cuando conseguimos bajar, avisamos al loco para que nos hiciera una camilla con la que llevarlo al pueblo.
La pierna era irrecuperable. Tuvimos que amputar, y cuando Zin despertó no salía de su amargura. Para un guerrero perder una pierna significaba todo. no sabíamos como consolarle, incluso nuestro amigo el inventor, al que llamaba Tarek "Doc", no sabía como podría hacer algo.
Decidimos ir a la ciudad, que además era la capital de Abel, la hermosa Yirath, de donde era Tarek, para ponerle un estudio al inventor y poder recomponer la pierna de Zin.
8ª anotación en el diario de viaje de Moru
7 de mayo de 2006
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