En busca de una actividad lucrativa, subimos al puente sobre la presa, también por ver las vistas de la ciudad. Ahora que Zin tenía su pierna podía manejar otra vez las armas, y nos encargamos de comprar algunas. También ropas nuevas y comida abundante.
Arriba, en lo alto de la presa, los guardias vigilaban los accesos al castillo. No estaban alarmados por nuestra presencia, y paseamos hasta un tablón donde había colgados retratos de diversas personas, entre las cuales se hallaba un tal Raptor, buscado por hechicería y crímenes varios. Tenía toda la pinta de ser un mago como el que arrasó Moleskan, e incluso como el hombre líquido del barco volador... un momento... ¡es él! Reconocería esa cara en cualquier sitio. Teníamos que encontrarlo y eliminarlo, además de llevarnos la recompensa y vivir tranquilos hasta el inicio del nuevo curso en la escuela.
Zin también le reconoció, y Aeon. Tarek estaba intrigado acerca de porqué buscarían tanto a ese mago: "Es muy poderoso" dijo. No nos será fácil vencerlo, aunque podamos encontrarlo.
En aquel momento, concentrados como estábamos, apareció el extraño que me salvó en el pueblo de las ciénagas, sonriendo. Se presentó como Howl, aunque Tarek no lo soportó desde el primer momento. Rivalidades de carisma, qué le vamos a hacer.
Fue muy amable con todos, pero especialmente con Zin, al que le regaló su abrigo a rombos rosas y blancos, y que "misteriosamente" le quedaba bien, y luego le puso, aunque con una cierta trampa, en la cabeza, su sombrero negro con pluma rosa. (todos lo veíamos menos él, y realmente no le favorecía demasiado).
Desde aquel momento, Zin idolatraba a Howl, yo también (por otros motivos, claro), Aeon seguía con sus paranoias, y a Tarek no le gustaba ni pizca. Y Zin decidió que iba a gastar su dinero en su amado sombrero, sin saber que lo llevaba puesto. Fuimos a la sombrerería y todo, y cuando encargó a la sombrerera la prenda, la mujer se extrañó mucho, pero apenas dijo nada. Zin seguía sin darse cuenta. Nosotros sí nos percatamos de que el sombrero mágico desaparecía por las noches.
Así pasaron algunos días mientras preparábamos el viaje para la búsqueda de Raptor, hasta que un día, en el puente, vimos a la mujer de las katanas, aquella mala pécora que nos robó (bueno, le robó a Zin) y nos quitó nuestro trabajo matando goblins. Estaba en lo alto del puente, junto a la entrada del castillo, junto con Howl y con un altanero capitán de la guardia. Tanto ella como el capitán llevaban escudos y uniformes de Tol Rauko. Aquella mañana me decepcioné al ver a Howl en tan mala compañía, y por una vez pensé que tal vez Tarek y Aeon tuvieran razón en sus sospechas.
Paseamos un rato por fuera de la muralla, observando las vistas de la ciudad y comentando lo que habíamos visto, a lo que Tarek y Aeon decían que podíamos estar bajo la amenaza de un Filis Nogos (que es una especie de devorador de ciudades, un monstruo de tamaño descomunal y de poder divino), y que por eso había tanto movimiento entre la guardia. Íbamos hablando de ello cuando de repente, al pasar delante de la puerta del puente, oímos ruido detrás. Los dos guardias que allí había se negaron a dejarnos pasar, impidiéndonos el paso de forma violenta.
Zin desenvainó la espada bastarda y Aeon pasó de pelea, refugiándose escaleras abajo. Mientras, Tarek también fue a desenvainar la espada larga, mientras yo dialogaba a voz en grito con los guardias de la puerta para que nos dejaran pasar a ayudar. Tras una pequeña refriega conseguimos entrar y vimos que había una pequeña batalla montada, y que unos hombres de negro, como ninjas, atacaban a la guardia del puente, provocando una masacre. Manos a la obra los tres conseguimos librarnos de unos cuantos, pero de repente el suelo tembló. Lo que vimos nos llenó a la vez de espanto y de ardor guerrero (especialmente al recuperado Zin): elementales de piedra salieron del suelo del puente, del mármol más puro... y comenzaron a aplastar ninjas como locos.
Pero por desgracia no contamos con que los ninjas tuvieran explosivos, y un temblor, seguido de ruido ensordecedor, sacudió el puente donde estábamos, y vimos como una parte pequeña se desprendía y caía a la parte de la ciudad, dejando escapar parte del agua, aunque muy poca, del otro lado.
Me di cuenta de que bajo nuestros pies se abría una grieta que se estaba ensanchando y que no tenía fondo. Y al otro lado estaba Tarek, a salvo para correr donde no pudiera llegar el agua en caso de que la presa se rompiera del todo. Y así, utilizando de nuevo mi conocimiento del ki, me elevé en el aire y conseguí saltar al otro lado, llegando a tierra con Tarek. Zin seguía luchando y parecía que no fuera a saltar, cuando fue a hacerlo, la presa se derrumbó con un estruendo enorme y el contenido del lago cayó como una ola gigante sobre Yirath, anegando todo con toneladas de roca y agua.
Aeon no tuvo tiempo de salvarse, estaba en las escaleras y vimos como la presa se le caía encima. Zin comenzó a caer con las rocas, y Tarek tuvo tiempo de hacer un hechizo para teletransportarlo bajo tierra, en algún lugar donde pudiéramos mantenerlo vivo y desenterrarlo luego.
Yirath había quedado destruida y habíamos perdido a Aeon, y Zin tenía sólo algunas probabilidades de sobrevivir, teniendo en cuenta que la caída le habría ocasionado fracturas por todo el cuerpo, y estaba enterrado.
Lo sacamos de debajo de la tierra y lo reanimamos. Tenía varias costillas rotas, un brazo irrecuperable (Tarek suspiró, iba a tener que hacerle otro) y golpes y magulladuras por todo el cuerpo. Nos hicimos con un carro y partimos hacia Kulks, el pueblo natal de Aeon, para poder darles la noticia a sus familiares. No encontramos más que la capa del joven mago entre las rocas, una vez se fue el agua.
10ª anotación en el diario de viaje de Moru.
7 de mayo de 2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario