21 de mayo de 2006

13. En el bando enemigo

Nos llevaron a Arcángel, era de esperar, y nos tuvieron durante no sé cuantos días y noches en celdasespeciales anti magia, con ropas de preso, hasta que perdi la noción del tiempo que pasaba. Nos dejaron casi desfallecer aunque nos daban de comer. Al fin un dia creo que por la mañana nos llevaron a una gran sala en la que había mucha gente. Yo no sabía lo que era pero luego supe que se trataba de un tribunal al más puro estilo de la inquisición. Se nos acusaba de hacer magia y de ser cómplices de magos. Cuando creíamos que iban a ajusticiarnos nos ofrecieron la posibilidad de entrar como soldados de a pie en el ejército, y vimos en ello la oportunidad de librarnos de una muerte segura.

Tras aceptar, nos llevaron a nuestras celdas y al rato el capitán apareció y nos dio ropas y armaduras tras explicarnos en qué consistiría la misión. Teníamos que ayudarles a averiguar que era esa puerta, pues creian que teníamos algo que ver. También íbamos a ir al frente.

No sirvió de nada insistir en que no teníamos nada que ver. Visitamos un asedió en un portal, donde nos dijeron que teníamos que enfrentarnos a un titán. Vimos la situación y nos negamos a luchar, era una causa perdida sin las armas necesarias. Los soldados caían como moscas a las puertas del infierno. El viaje de vuelta duró varios días, paramos en una pequeña población y al pasar revista a las tropas aprovechamos para escabullirnos. No nos fue dificil, pero empezaron a buscarnos.

Pudimos escapar de la búsqueda, registraban todas las casas del pueblo, pero nos escondimos bien, cambiando nuestros uniformes de Tol Rauko por prendas de pescadores que encontramos en una casa vacía. Cuando se quisieron dar cuenta de como íbamos vestidos ya habíamos huido lejos.

Así vestidos y sin dinero ni pertenencias, volvíamos al principio. Harto de tanta persecución y de ocultarnos, y ahora que íbamos a estar en busca y captura, Tarek propuso ir al sur a recomponer fuerzas y sacar fondos para volver a luchar contra los ejércitos de Abel. No nos pareció mala idea...

Esbozos del viaje en el diario de Moru.

12. La puerta

Salimos de Kulks en dirección norte con las manos llenas (esta vez teníamos pertenencias y todo), pensando en que no podíamos vencer a Raptor y dispuestos a reponer fuerzas. Pasaron los días y sólo reseñaré que llegamos todo lo al norte que podíamos llegar de Abel, cuando vimos dos picos rocosos que se inclinaban uno sobre otro formando una especie de puerta. Decidimos acampar allí a la espera de que se hiciera un nuevo día y podíamos cruzar la frointera, pero como siempre que hacemos guardia nos pasa algo (parece mentira ¿eh?) nos encontramos que de repente unos hombres aparecían de la nada con una luz brillante y se llevaban nuestras cosas a ninguna parte.

Al amanecer divisamos facciones de Tol Rauko. Todavía bajo los efectos de aquella visión nos volvimos a desplazar a hacia el sur, esperando que no nos hubieran visto, pero fue tarde, a varios kms. de la puerta nos vieron y nos atraparon. Nos maniataron y nos subieron a sus caballos, y pude ver que aquella facción de hombres la dirigía el capitán junto con la mujer de las katanas.

También durante el viaje y a pesar de que íbamos separados en distintas monturas, pudimos ver todos con claridad que la montura que llevaba a Aeon tenía colgando de los arneses la placa d emetal negro. Tars un rato conseguimos que Aeon se fijara que tenía la placa junrto a él y sin usar la magia, intentando alcanzarla, hizo equilibrios para que el jinete no se diera cuenta y la cogió... bueno, se sentó encima. Y al pasar junto a la puerta, desapareció.
¡Maldita sea! Nos acabarán llevando prisioneros y el maldito Aeon por ahí viajando en el espacio-tiempo...

Anotaciones en el diario de viaje de Moru

7 de mayo de 2006

11. Kulks:

Llegamos a Kulks con Zin recostado en la parte de atrás del carro, y nos aprovisionamos como pudimos en casa de un anciano que nos acogió. Vimos con gran sorpresa que el pueblo estaba desolado, quedaban en pie sólo unas pocas casas y de las demás no quedaban ni escombros. Luego nos enteramos que una parte del barco volador había caído allí, la nave de la sala de máquinas donde vimos a Raptor estaba a las afueras del pueblo, y los lugareños decían que estaba maldita.

Mientras paseábamos por el pueblo pudimos ver a Aeon en una de las ventanas de una de las casa que quedaban en pie, y ente nuestra sorpresa, no se trataba de un fantasma, sino que nuestro amigo se había salvado milagrosamente de la avalancha de piedra y agua. Así que retomamos nuestra actividad. Nos contó que había llegado a Kulks y se lo había encontrado así, y que sus padres habían fallecido. Nos dio más detalles acerca de la ubicación del barco volador, y nos pusimos manos a la obra.

Planeamos como curar a Zin sin que nadie en el pueblo sospechara de la magia, y una vez pudo Tarek rehacerle el brazo, nos encaminamos al barco volador en busca de Raptor, pertrechados con cuerdas y antorchas.

Allí nos encontramos con que estaba todo en un estado deplorable, y había extrañas criaturas de agua negra, elementales como los que me atacaron en el pueblo de las ciénagas.

Nos las vimos y deseamos para reducirlos, y tras esto, una especie de cúpula azul brillante comenzó a cubrir el barco volador, y observamos que todo dentro ocurría más despacio, como si esa cúpula ralentizara el tiempo. Vimos salir a Raptor de ella, y nos invitó a desafiarle. De la nada salieron más elementales de agua y comenzaron a rodearnos. Nos vimos en una emboscada y comenzó la pelea.

Uno de ellos me engulló y noté que no me dejaba salir. Intenté usar la destrucción por ki pero no funcionó. Al final utilizando la poca fuerza que me quedaba me deshice de mi prisión de agua y los eliminamos, pero Raptor había desaparecido, y nos había desafiado.

11ª anotación en el diario de viaje de Moru.

10. La furia del agua:

En busca de una actividad lucrativa, subimos al puente sobre la presa, también por ver las vistas de la ciudad. Ahora que Zin tenía su pierna podía manejar otra vez las armas, y nos encargamos de comprar algunas. También ropas nuevas y comida abundante.

Arriba, en lo alto de la presa, los guardias vigilaban los accesos al castillo. No estaban alarmados por nuestra presencia, y paseamos hasta un tablón donde había colgados retratos de diversas personas, entre las cuales se hallaba un tal Raptor, buscado por hechicería y crímenes varios. Tenía toda la pinta de ser un mago como el que arrasó Moleskan, e incluso como el hombre líquido del barco volador... un momento... ¡es él! Reconocería esa cara en cualquier sitio. Teníamos que encontrarlo y eliminarlo, además de llevarnos la recompensa y vivir tranquilos hasta el inicio del nuevo curso en la escuela.

Zin también le reconoció, y Aeon. Tarek estaba intrigado acerca de porqué buscarían tanto a ese mago: "Es muy poderoso" dijo. No nos será fácil vencerlo, aunque podamos encontrarlo.

En aquel momento, concentrados como estábamos, apareció el extraño que me salvó en el pueblo de las ciénagas, sonriendo. Se presentó como Howl, aunque Tarek no lo soportó desde el primer momento. Rivalidades de carisma, qué le vamos a hacer.

Fue muy amable con todos, pero especialmente con Zin, al que le regaló su abrigo a rombos rosas y blancos, y que "misteriosamente" le quedaba bien, y luego le puso, aunque con una cierta trampa, en la cabeza, su sombrero negro con pluma rosa. (todos lo veíamos menos él, y realmente no le favorecía demasiado).

Desde aquel momento, Zin idolatraba a Howl, yo también (por otros motivos, claro), Aeon seguía con sus paranoias, y a Tarek no le gustaba ni pizca. Y Zin decidió que iba a gastar su dinero en su amado sombrero, sin saber que lo llevaba puesto. Fuimos a la sombrerería y todo, y cuando encargó a la sombrerera la prenda, la mujer se extrañó mucho, pero apenas dijo nada. Zin seguía sin darse cuenta. Nosotros sí nos percatamos de que el sombrero mágico desaparecía por las noches.

Así pasaron algunos días mientras preparábamos el viaje para la búsqueda de Raptor, hasta que un día, en el puente, vimos a la mujer de las katanas, aquella mala pécora que nos robó (bueno, le robó a Zin) y nos quitó nuestro trabajo matando goblins. Estaba en lo alto del puente, junto a la entrada del castillo, junto con Howl y con un altanero capitán de la guardia. Tanto ella como el capitán llevaban escudos y uniformes de Tol Rauko. Aquella mañana me decepcioné al ver a Howl en tan mala compañía, y por una vez pensé que tal vez Tarek y Aeon tuvieran razón en sus sospechas.

Paseamos un rato por fuera de la muralla, observando las vistas de la ciudad y comentando lo que habíamos visto, a lo que Tarek y Aeon decían que podíamos estar bajo la amenaza de un Filis Nogos (que es una especie de devorador de ciudades, un monstruo de tamaño descomunal y de poder divino), y que por eso había tanto movimiento entre la guardia. Íbamos hablando de ello cuando de repente, al pasar delante de la puerta del puente, oímos ruido detrás. Los dos guardias que allí había se negaron a dejarnos pasar, impidiéndonos el paso de forma violenta.

Zin desenvainó la espada bastarda y Aeon pasó de pelea, refugiándose escaleras abajo. Mientras, Tarek también fue a desenvainar la espada larga, mientras yo dialogaba a voz en grito con los guardias de la puerta para que nos dejaran pasar a ayudar. Tras una pequeña refriega conseguimos entrar y vimos que había una pequeña batalla montada, y que unos hombres de negro, como ninjas, atacaban a la guardia del puente, provocando una masacre. Manos a la obra los tres conseguimos librarnos de unos cuantos, pero de repente el suelo tembló. Lo que vimos nos llenó a la vez de espanto y de ardor guerrero (especialmente al recuperado Zin): elementales de piedra salieron del suelo del puente, del mármol más puro... y comenzaron a aplastar ninjas como locos.

Pero por desgracia no contamos con que los ninjas tuvieran explosivos, y un temblor, seguido de ruido ensordecedor, sacudió el puente donde estábamos, y vimos como una parte pequeña se desprendía y caía a la parte de la ciudad, dejando escapar parte del agua, aunque muy poca, del otro lado.

Me di cuenta de que bajo nuestros pies se abría una grieta que se estaba ensanchando y que no tenía fondo. Y al otro lado estaba Tarek, a salvo para correr donde no pudiera llegar el agua en caso de que la presa se rompiera del todo. Y así, utilizando de nuevo mi conocimiento del ki, me elevé en el aire y conseguí saltar al otro lado, llegando a tierra con Tarek. Zin seguía luchando y parecía que no fuera a saltar, cuando fue a hacerlo, la presa se derrumbó con un estruendo enorme y el contenido del lago cayó como una ola gigante sobre Yirath, anegando todo con toneladas de roca y agua.

Aeon no tuvo tiempo de salvarse, estaba en las escaleras y vimos como la presa se le caía encima. Zin comenzó a caer con las rocas, y Tarek tuvo tiempo de hacer un hechizo para teletransportarlo bajo tierra, en algún lugar donde pudiéramos mantenerlo vivo y desenterrarlo luego.

Yirath había quedado destruida y habíamos perdido a Aeon, y Zin tenía sólo algunas probabilidades de sobrevivir, teniendo en cuenta que la caída le habría ocasionado fracturas por todo el cuerpo, y estaba enterrado.

Lo sacamos de debajo de la tierra y lo reanimamos. Tenía varias costillas rotas, un brazo irrecuperable (Tarek suspiró, iba a tener que hacerle otro) y golpes y magulladuras por todo el cuerpo. Nos hicimos con un carro y partimos hacia Kulks, el pueblo natal de Aeon, para poder darles la noticia a sus familiares. No encontramos más que la capa del joven mago entre las rocas, una vez se fue el agua.

10ª anotación en el diario de viaje de Moru.

9. Yirath:

La bella Yirath, capital del reino. Una ciudad junto a una inmensa presa. Un alto muro blanco, al sol de la mañana, refulgiendo lleno de intrincadas escaleras y terrazas desde las cuales observar la ciudad y sus calles. Y presidiendo todo, el castillo del rey, sobre la presa y pareciendo que emerge de las aguas al otro lado del muro. Una impresionante visión. Y allí llegamos con Zin totalmente desanimado y deseando encontrar un lugar lejos de miradas ajenas para poder reconstruir la pierna de nuestro guerrero.

Tras establecernos en una posada nos dividimos para hacer nuestras tareas: tanto Aeon como Tarek debían ir a la biblioteca de una colega de Tarek a buscar en libros arcanos los hechizos capaces de recomponer la pierna de Zin, y Doc salía a buscar más cacharros con los que decorar su nuevo estudio que aún teníamos que buscar.

Yo me quedé acompañando al frustrado Zin, que no sabía nada de lo ocurrido, bastante culpable me sentía yo sin decírselo. Conseguí moverlo de la habitación y llevarle a pasear y tomar una cerveza; casualidad el tabernero era de Nockets y nos invitó, además de quedarnos allí hasta el anochecer y regresar a la posada borrachos como cubas. Yo no me acuerdo de nada, pero a mí Aeon me contó que debimos dormir juntos. No quiero volver a beber cerveza... ¿o sí?

A la mañana siguiente Tarek y Aeon habían encontrado la solución, estaba todo casi a punto. Así que buscamos un lugar apartado, en los suburbios de la ciudad, y allí tras la "operación" Doc instalaría su estudio. Era ideal una pequeña vivienda, donde pudimos llevar a cabo la tarea, y Zin recuperó su pierna. Por esto tuvimos que cambiar de alojamiento ya que no podía mostrar su pierna nueva donde ya le habían visto cojo.

Y así planeamos nuestra siguiente aventura. No podía quedar así la cosa. Algo olía a podrido en Abel, e íbamos a erradicarlo...

9ª anotación en el diario de viaje de Moru.

8. Reconstitución

Aún me pregunto como sobrevivimos. Todos estábamos bien aunque el barco volador acabó destrozado. Cuando fuimos a salir vimos que había una caída de al menos veinte metros. Conseguí saltar y caer correctamente gracias a mis conocimientos del ki. Tarek también aterrizó bien, y Aeon y Zin.

Nos dimos cuenta que estábamos en una especie de ciénaga, y así era. Había un pueblo muy pequeño de gente amable que nos recibieron de muy buena gana y nos hospedaron. Durante días estuvimos recuperándonos, sobre todo para que Tarek y Aeon recuperaran zeon. Aunque los demás estábamos también muy heridos.

Una vez estuvimos bien a salvo en la tranquilidad del pueblo, decidimos integrarnos entre los aldeanos y nos llegaron rumores acerca de que una especie de barco volante se había estrellado cerca de allí. Por supuesto nadie allí sabía de donde salimos nosotros, por miedo a que nuestros enemigos supieran que habíamos sobrevivido. Tras unos días, pudimos prepararnos para la reparación. Pero una mañana temprano, antes de partir...

Me desperté temprano, cuando aun había niebla por todas las calles del pueblo. sentí algo fuera, y abrí los postigos de la ventana de mi habitación. Tarek, con su habitual sueño profundo, seguís durmiendo al otro lado de la pared, Zin y Aeon hacían más de lo mismo. En la calle vi una figura, un hombre de cabellos rubios y de aspecto estrafalario me miró, me saludo cortésmente y desapareció.

Decidí seguirle, saltando por la ventana, la altura no era mucha. Al llegar a una calle que se bifurcaba en dos, vi una especie de masa humanoide de liquido negro, que me recordó a lo que vimos en el barco. Me di la vuelta para huir y vi que había más cortándome el paso por los dos lados de la calle. Cuando pensé que había caído en una trampa, él salió de la nada y me alzó en vuelo hasta dejarme en mi ventana, a salvo de las cosas esas.

Estaba en estado de shock, y cuando pude reaccionar les desperté a Zin y a Aeon. A Tarek tuvimos que hacer esfuerzos sobrehumanos para despertarle.

Les conté lo ocurrido y determinaron que por más que el chico me pareciera atractivo no podíamos fiarnos de él, ya que podía haber sido altruismo o simplemente hubiera podido crear los elementales de agua (que luego supimos que lo eran) para hacerse el salvador y ser en realidad el "hombre líquido" del barco, el que suponemos hizo el pentagrama.

Yo, a pesar de mi debilidad por el extraño, desde luego no era tonta y no me iba a dejar engañar por él. Y así abandonamos el pueblo bien provistos, y fuimos a la zona cero para explorar el barco volador.

Cuando llegamos allí encontramos a un hombre loco buscando chatarra para lo que él llamó "inventos". Le dejamos y buscamos un lugar por el que entrar, que resultó ser el mismo lugar por el que salimos la última vez. Trepamos por una cuerda y legamos al túnel, que tras varias semanas estaba en relativo buen estado y muy oscuro. Nos adelantamos hasta que unas luces en el fondo, que titilaban nos alertaron de la presencia de uno o varios seres, y seguramente no animalillos.

Así fue. No sólo trastornó a Aeon y a Zin, sino que para defenderme del ataque del grandullón tuve que zafarme en la salida, con lo que Zin cayó veinte metros, destrozándose una pierna. Cuando conseguimos bajar, avisamos al loco para que nos hiciera una camilla con la que llevarlo al pueblo.

La pierna era irrecuperable. Tuvimos que amputar, y cuando Zin despertó no salía de su amargura. Para un guerrero perder una pierna significaba todo. no sabíamos como consolarle, incluso nuestro amigo el inventor, al que llamaba Tarek "Doc", no sabía como podría hacer algo.

Decidimos ir a la ciudad, que además era la capital de Abel, la hermosa Yirath, de donde era Tarek, para ponerle un estudio al inventor y poder recomponer la pierna de Zin.

8ª anotación en el diario de viaje de Moru

7. Volare, uhoho!

Había mucha algarabía en la ciudad ese día, y parecía que algo tenía que ver con el rey. En un lugar despejado de la ciudad había un gigantesco barco con una especie de globo que lo sostenía. No podíamos creer lo que estábamos viendo, pero sí, es un barco volador.

Lo primero en lo que pensamos fue en subir a él, para ver mundo... el problema: sólo subirían los nobles invitados por el rey para el vuelo inaugural, con lo que tres muchachos andrajosos no tenían permitido el paso.

Cuando estaba concentrada pensando en como conseguir pasajes, me distrajeron los gritos de Aeon, que sujetaba a Zin como podía mientras este le arrastraba con toda su fuerza hacia un grupo de hombres que, parados frente al barco, cantaban al ritmo de una pegadiza música. Llevaban ridículas mallas y sombreros negros con plumas de color rosa.

Zin, con todas las venas de su cuello a punto de explotar, se acercó al que estaba cantando y le dijo que le compraba el sombrero. El bardo sonrió y le dijo que le tenía mucho cariño y que no pensaba vendérselo, y además valía más de la moneda de oro que tenía Zin.

Tras conseguir separar a Zin de su amado sombrero y con la certeza de que volveríamos a oírle hablar de él, salimos de la marabunta de gente que se acumulaba para ver el barco.

De repente, alguien que pasaba corriendo golpeó a Aeon y dejó caer un zurrón que Zin recogió. Lejos de allí, cuando inspeccionamos su contenido, nos dimos cuenta de que contenía mucho dinero y joyas de gran valor. Además de... ¡pasajes para el barco volador! Y eran cuatro, más que suficientes.

Pensamos mantenerlo en secreto, pero notamos que alguien nos estaba siguiendo y nos percatamos del todo cuando un hombre moreno de apariencia elegante entró en el callejón. No nos fiábamos un pelo, parecía saber lo que tenía la bolsa y quería uno de los pasajes del barco. Tras discutir un buen rato, conseguimos acordar con él que nos ayudara a pasar desapercibidos y nosotros le dábamos un pasaje.

El misterioso personaje, llamado Tarek, nos llevó a comprar ropa elegante, a canjear las gemas por más oro, y nos hizo nuevas identidades para pasar desapercibidos en el barco. Al principio no nos fiábamos de él, pero desvelando que hacía magia, como Aeon, y ayudándonos de tantas maneras durante aquellos días, (aunque a cambio del pasaje y la posibilidad de robar en él, o robar el propio barco... que es lo que pretendía) poco a poco vimos la posibilidad de un nuevo compañero de aventuras, ¡y de grandes aventuras!.

Los días pasaban haciendo preparativos, y sabíamos que nos seguían, probablemente algún noble habría descubierto que manejábamos mercancía robada. Comenzaron a buscarnos y nos identificaron frente a la guardia. Pero eso no sería un problema para Tarek.

El día del despegue estábamos allí, aunque estrechamente vigilados por los nobles y la guardia. Para nuestra seguridad y por apariencia, Tarek nos dio a él y a mi nuevos rostros y vestuario, como una pareja de ancianos nobles. Aeon pasó a ser nuestro criado y Zin nuestro guardaespaldas. Con todo el equipaje y armas que habíamos adquirido subimos sin ningún percance al barco, donde nos sentaron y nos ofrecieron refrescos.

Había muchos guardias, y todos iban armados. En cambio a los pasajeros les requisaron las armas para su propia seguridad. En el momento en que despegó el barco, nadie íbamos armados, lo que suponía un riesgo que no calculamos en ese momento.

Un rato después, los guardias que nos tenían rodeados en la sala se amotinaron y comenzaron a atacar a los que estábamos allí sentados. Peleamos de forma que pudimos robar algunas armas y defendernos, aniquilándolos a todos. Los nobles que allí había se sorprendieron de ver a una pareja de ágiles ancianos dando patadas voladoras y batiéndose con espadas largas.

Tras la cruenta batalla nos dimos cuenta de que teníamos el camino libre a nuestras pertenencias, en el ala de habitaciones, las cogimos y nos aproximamos hacia la cabina donde seguramente hallaríamos al capitán, o al culpable de todo esto. Pero el barco comenzó a tambalearse, como si alguien hubiera perdido el control de timón.

Al llegar a la cabina vimos al capitán , enloquecido con la rebelión y amenazando con matarnos a todos estrellando el barco. Cuando salimos de la cabina para intentar parar aquel trasto y poder aterrizar en condiciones, nos dimos cuenta que había más guardias. Además, había que atravesar una estrecha pasarela hasta el ala de la sala de máquinas, y la que tenía más facilidad era yo. Así que atravesé la pasarela sujeta a una cuerda sostenida por mis compañeros. Cuando llegamos al otro extremo había un túnel oscuro al final del cual se encontraba la sala de máquinas. Percibieron Tarek y Aeon una presencia extraña, y tras iluminar la estancia y ver que una de las máquinas estaba rota, observé que había sangre por el suelo y varios cadáveres, seguramente de operarios. También había un pentagrama con extraños símbolos que era seguro algo maligno.

Salimos al pasillo para volver a la cabina y vimos una sombra, una mancha de oscuridad que de repente huyó. Tenía forma humanoide, pero se volvió agua. Agua negra. Para cuando pudimos llegar a la cabina encontramos el barco a la deriva, sin timonel, caímos en picado y el barco se estrelló.


Diario de viaje de Moru (7ª anotación)

6. En busca de empleo:

Tras haber perdido la oportunidad de trabajar cazando los goblins y sin haber localizado al hijo de la anciana amable, perdimos también la esperanza de encontrar dinero para comer. Se hacía acuciante la necesidad cuando apareció un mercader que llevaba dos enormes carros con barriles. Le preguntamos si necesitaba guardaespaldas y nos comentó que podría interesarle que le ayudáramos a llevar los carros hasta Arcángel.

Buena oportunidad: ganaríamos una moneda de oro cada uno de nosotros, y además estaríamos en la gran ciudad para buscar otro trabajo. Se presentaban unos días interesantes... de no ser porque Aeon se empezó a plantear qué habría dentro de los barriles.

Durante la noche se acercó a un barril e intentó abrirlo, con tan mala suerte que se rompió y no se podía volver a cerrar, y como ya habíamos supuesto tanto Zin como yo, ¡¡¡NO HABÍA NADA!!! Pero tenía que hacerlo o no se quedaba tranquilo.

Como pudo, lo reparó. Pero a la siguiente noche oímos pasar a alguien, y aunque no robó nada, el eje de uno de los carros estaba quebrado, y para reparar eso había que hacerlo de forma no convencional, cosa que podía llamar la atención. Tal como arregló el barril y casi sin que se diera cuenta el patrón, Aeon arregló el eje.

El patrón sospechaba que lo habíamos hecho con magia, pero no podía demostrarlo y a pesar de su enfado, seguimos nuestro camino. Al llegar a las puertas de Arcángel nos dio nuestras monedas de oro y nos dejó en la ciudad, en la que nos hospedamos a la espera de los nuevos acontecimientos.

Diario de viaje de Moru (6ª anotación)

3 de mayo de 2006

5 ¡GOBLINS!

Al volver al pueblo a buscar a la anciana, nos enteramos que una banda de goblins de las montañas cercanas había atacado el pueblo y habían arrasado varias casas tras saquearlas. Por desgracia, una de ellas fue la de la anciana.

Estábamos muy afectados, además ni siquiera habíamos podido comunicarle lo que probablemente ocurría, que su hijo había muerto. Por lo menos es lo que yo creo. Sólo quedaban escombros de lo que había sido la casa, con lo qeu nos decidimos a buscar a los goblins... o más concretamente, a buscar trabajo como cazadores de goblins.

Aquella mañana nos dirigimos al ayuntamiento donde el alcalde acedió a recibirnos, y tras hablar con él, decidió pagarnos tras entregar las cabezas de los goblins que habían atacado al pueblo: teníamos que encontrarlos en las montañas, que es donde se les perdía la pista, con lo que pedimos un adelanto para raciones de viaje (al final nos las dio él mísmo, para no adelantarnos pasta, claro) y fuimos en su busca.

Tras una larga caminata llegamos a la ladera de la montaña, y alli no había ninguna cueva, sólo una piedra plana que no podíamos mover ni con todas nuestras fuerzas, es decir, con la fuerza de Zin... ^^U, de modo que Aeon intentó averiguar si la piedra tenía algún tipo de hechizo, que así era. De otro modo ¿quién narices mueve una piedra así cada vez que quiera entrar y salir de su casa?

Mientras divagábamos acerca de la apertura de la "puerta", apareció una misteriosa mujer armada con dos katanas, y que llevaba un escudo con una corona y una cruz. Yo no sabía lo que eso significaba hasta que Zin nos lo dijo: era Tol Rauko, algo así como la Inquisición. De todas formas, la mujer preguntaba mucho acerca de qué nos había traído hasta allí y si sabíamos como encontrar a los goblins... demasiado inquisitiva.

La dejamos por imposible y cuando se alejó, nos dispusimos a seguir la misión, pero con cautela. Andaría cerca seguro.

Por fín conseguimos abrir la puerta de piedra y daba a un pasillo oscuro. Encendimos una antorcha que teníamos y nos encaminamos pasillo adelante hasta una sala enorme abovedada que estaba en total oscuridad. La luz de la antorcha nos nos permitía ver qué había más allá de nuestras narices, pero podíamos oir las vocecillas de los goblins cuchicheando. Tampoco habíamos podido averiguar qué había más allá del fondo de la sala.

De repente, nos atacaron. Al fin y al cabo, éramos cuatro humanos con una sola antorcha, y no podía alumbrarnos a todos. Aprovechando la oscuridad comenzaron a apalearnos, parecían ser muchos, o esa impresión me dio. Yo daba golpes a diestro y siniestro, pero no había manera de herirlo, y tampoco podía defenderme puesto que no lo veía. Al final, nos dimos cuenta que era uno, y ¡qué vergüenza! en clara superioridad numérica y el goblin ése atacándonos impunemente, sin sufrir heridas...

Pero Zin le dio, consiguió acabar con él y cortarle la cabeza como prueba de que lo habíamos eliminado, para que el alcalde nos pagara. Estábamos cansados y hambrientos, y aun había más puertas al fondo de la sala: en la primera había dos pares de ojos que relucían en la oscuridad, (que al final resultaron ser dos cerdos de los cuales uno lo sacrificamos para comer) y en la otra puerta había... bueno, mierda. Sí, mierda de goblin, que nosotros pisamos y repisamos, con lo que ahora también necesitabamos un baño porque apestábamos.

Decidimos acostarnos a dormir e ir al dia siguiente al pueblo. Montamos guardia porque no nos fiábamos de la mujer de las katanas, que se había apostado cerca de la cueva.

Durante la noche, Zin, que hacía la guardia en ese momento, se quedó dormido, y Aeon se despertó sintiendo que le hurgaban en los bolsillos. Con un sobresalto, yo también desperté y nos dimos cuenta de que la mujer de las katanas nos había robado. A Zin todo, incluídas las armas y su equipo, y a Aeon no había conseguido robarle nada gracias a que se despertó. A mí me había dejado para el final con lo que estaba todo intacto en mi mochila.

Maldiciendo y perjurando ya que además se había llevado la carne del cerdo que habiamos matado, el emblema de la escuela y la cabeza de goblin (con lo que no podríamos cobrar la recompensa) nos encaminamos de vuelta al pueblo.

Para colmo, durante el camino, el ataque de un oso dejo a Zin sin su mochila y un par de pertenencias que le habían quedado. Definitivamente, estábamos tocados por la mala suerte. A ver que aventuras nos depara el mañana... de momento y por suerte, todos estamos bien. Encontraremos a esa mala perra del demonio y ajustaremos cuentas con ella.

Quinta anotación en el diario de viaje de Moru-chan.