Había mucha algarabía en la ciudad ese día, y parecía que algo tenía que ver con el rey. En un lugar despejado de la ciudad había un gigantesco barco con una especie de globo que lo sostenía. No podíamos creer lo que estábamos viendo, pero sí, es un barco volador.
Lo primero en lo que pensamos fue en subir a él, para ver mundo... el problema: sólo subirían los nobles invitados por el rey para el vuelo inaugural, con lo que tres muchachos andrajosos no tenían permitido el paso.
Cuando estaba concentrada pensando en como conseguir pasajes, me distrajeron los gritos de Aeon, que sujetaba a Zin como podía mientras este le arrastraba con toda su fuerza hacia un grupo de hombres que, parados frente al barco, cantaban al ritmo de una pegadiza música. Llevaban ridículas mallas y sombreros negros con plumas de color rosa.
Zin, con todas las venas de su cuello a punto de explotar, se acercó al que estaba cantando y le dijo que le compraba el sombrero. El bardo sonrió y le dijo que le tenía mucho cariño y que no pensaba vendérselo, y además valía más de la moneda de oro que tenía Zin.
Tras conseguir separar a Zin de su amado sombrero y con la certeza de que volveríamos a oírle hablar de él, salimos de la marabunta de gente que se acumulaba para ver el barco.
De repente, alguien que pasaba corriendo golpeó a Aeon y dejó caer un zurrón que Zin recogió. Lejos de allí, cuando inspeccionamos su contenido, nos dimos cuenta de que contenía mucho dinero y joyas de gran valor. Además de... ¡pasajes para el barco volador! Y eran cuatro, más que suficientes.
Pensamos mantenerlo en secreto, pero notamos que alguien nos estaba siguiendo y nos percatamos del todo cuando un hombre moreno de apariencia elegante entró en el callejón. No nos fiábamos un pelo, parecía saber lo que tenía la bolsa y quería uno de los pasajes del barco. Tras discutir un buen rato, conseguimos acordar con él que nos ayudara a pasar desapercibidos y nosotros le dábamos un pasaje.
El misterioso personaje, llamado Tarek, nos llevó a comprar ropa elegante, a canjear las gemas por más oro, y nos hizo nuevas identidades para pasar desapercibidos en el barco. Al principio no nos fiábamos de él, pero desvelando que hacía magia, como Aeon, y ayudándonos de tantas maneras durante aquellos días, (aunque a cambio del pasaje y la posibilidad de robar en él, o robar el propio barco... que es lo que pretendía) poco a poco vimos la posibilidad de un nuevo compañero de aventuras, ¡y de grandes aventuras!.
Los días pasaban haciendo preparativos, y sabíamos que nos seguían, probablemente algún noble habría descubierto que manejábamos mercancía robada. Comenzaron a buscarnos y nos identificaron frente a la guardia. Pero eso no sería un problema para Tarek.
El día del despegue estábamos allí, aunque estrechamente vigilados por los nobles y la guardia. Para nuestra seguridad y por apariencia, Tarek nos dio a él y a mi nuevos rostros y vestuario, como una pareja de ancianos nobles. Aeon pasó a ser nuestro criado y Zin nuestro guardaespaldas. Con todo el equipaje y armas que habíamos adquirido subimos sin ningún percance al barco, donde nos sentaron y nos ofrecieron refrescos.
Había muchos guardias, y todos iban armados. En cambio a los pasajeros les requisaron las armas para su propia seguridad. En el momento en que despegó el barco, nadie íbamos armados, lo que suponía un riesgo que no calculamos en ese momento.
Un rato después, los guardias que nos tenían rodeados en la sala se amotinaron y comenzaron a atacar a los que estábamos allí sentados. Peleamos de forma que pudimos robar algunas armas y defendernos, aniquilándolos a todos. Los nobles que allí había se sorprendieron de ver a una pareja de ágiles ancianos dando patadas voladoras y batiéndose con espadas largas.
Tras la cruenta batalla nos dimos cuenta de que teníamos el camino libre a nuestras pertenencias, en el ala de habitaciones, las cogimos y nos aproximamos hacia la cabina donde seguramente hallaríamos al capitán, o al culpable de todo esto. Pero el barco comenzó a tambalearse, como si alguien hubiera perdido el control de timón.
Al llegar a la cabina vimos al capitán , enloquecido con la rebelión y amenazando con matarnos a todos estrellando el barco. Cuando salimos de la cabina para intentar parar aquel trasto y poder aterrizar en condiciones, nos dimos cuenta que había más guardias. Además, había que atravesar una estrecha pasarela hasta el ala de la sala de máquinas, y la que tenía más facilidad era yo. Así que atravesé la pasarela sujeta a una cuerda sostenida por mis compañeros. Cuando llegamos al otro extremo había un túnel oscuro al final del cual se encontraba la sala de máquinas. Percibieron Tarek y Aeon una presencia extraña, y tras iluminar la estancia y ver que una de las máquinas estaba rota, observé que había sangre por el suelo y varios cadáveres, seguramente de operarios. También había un pentagrama con extraños símbolos que era seguro algo maligno.
Salimos al pasillo para volver a la cabina y vimos una sombra, una mancha de oscuridad que de repente huyó. Tenía forma humanoide, pero se volvió agua. Agua negra. Para cuando pudimos llegar a la cabina encontramos el barco a la deriva, sin timonel, caímos en picado y el barco se estrelló.
Diario de viaje de Moru (7ª anotación)