3 de abril de 2006

4 Fuera de la Escuela

Al salir de la Escuela aquel día nos encaminamos a la localidad más cercana puesto que nuestro nuevo compañero de fatigas, el enorme Zin Carla, necesitaba que le cosieran el emblema, y nosotros de paso conseguir algo de dinero, o en su defecto un trabajo que nos mantuviera hasta que nos dejaran entrar de nuevo a la Escuela. No me podía creer que estuviera fuera, con lo que me había esforzado y el viaje tan largo que había tenido que realizar desde mis lejanas tierras para poder asistir a las clases.

Pero se me pasó pronto la desilusión, al llegar al pueblo preguntamos por nuestro compañero el extraño chico del lagarto, y supimos que había pasado por allí hacía unos días. Preguntando por las casas, aprovechamos para pedir que nos cosieran el emblema o para que al menos nos dejaran aguja e hilo.

Al final llegamos a una casa donde vivía una ancianita muy amable que nos atendió a cambio de que buscáramos a su hijo, residente en el pueblo de Moleskan, al norte de la capital: nos explicó que llevaba un talismán y que en Moleskan había ocurrido algo y no tenía noticias de su hijo desde entonces. Zin dijo que él iría ya que le había cosido el emblema, y nosostros dos decidimos acompañarle, de paso hacia la capital que era hacia donde nos dijeron que partió el chico del lagarto. ¡Dos pájaros de un tiro!

Y con la bendiciónd e la anciana nos pusimos en camino, la única aventura relevante durante el trayecto vino dada por una estatua en medio del sendero que llevaba hacia la capital y que pararon a inspeccionar. Pérdida de tiempo, a mi parecer, porque no encontraron nada y mientras se nos escapaba el compañero del lagarto.

Tras dejar atrás la capital, donde no nos dijeron mucho de Moleskan excepto que había sido desolado por un mago y que no quedaba nada, llegamos al cráter donde debía haber estado la pequeña localidad. Y realmente solo quedaban algunos escombros y una placa de unos 20 centimetros, de un material que parecía ser metal negro, mate.

Hicimos varias pruebas para ver si era mágico y cuando pensábamos en dejarlo, le dije a Aeon:
"¿Por qué no pruebas a echarle una bola de fuego para ver si es por lo menos especialmente resistente a la magia?" ¡Y va el tío y lo hace! Menos mal que Zin y yo nos pusimos a cubierto a tiempo, porque la placa aumentó la potencia de la bola de fuego y Aeon quedó calcinado.




Así que por culpa de esto tuvimos que volvernos los tres a duras penas a casa de la anciana, sin noticias de su hijo ni del talismán, y con sólo la misteriosa placa. ¿Qué utilidad podrían haberle dado? ¿Y por qué quedó sólo ese trozo entre los escombros?


Cuarta anotacion en el cuaderno de viaje de Moru-Chan

2 comentarios:

Mornore dijo...

Nos la robo la warra de las katanas?

Mornore dijo...

Cierto, se me olvidó ponerlo en las anotaciones. KK!